14/Ago/2018
Martes, 14 de Agosto de 2018

Galápagos, el paraíso de Darwin es un santuario de especies únicas

Galápagos, el paraíso de Darwin es un santuario de especies únicas

Una de las tortugas más grandes del mundo está aquí, enfrente de este cronista, a pocos kilómetros de la costa en la isla Santa Cruz, en medio del Pacífico, a mil kilómetros del continente americano. Mide más de un metro y sobrepasa los 200 kilos. Ni idea de la edad, pero Yvonne Mortola, una de las guías naturalistas que acompañan en el viaje, indica que puede alcanzar los 150 años, el vertebrado más longevo de la Tierra. Es el séptimo día de una travesía en el crucero Silver Galápagos de Silversea, entre islas e islotes de las Galápagos, como hizo hace 180 años entonces un joven Charles Darwin, 25 años antes de que escribiera el popular y no tan leído El origen de las especies y que tantos revuelos ha causado en cuanto a la evolución de los animales. Más de 800 kilómetros de navegación (435 millas náuticas) para contemplar y compartir.

Encontrarse con gigantescas tortugas no es la única impresión. Ese mismo día, unas horas antes, varios leones marinos dormitaban en la arena en una de las playas, sin inmutarse, alguna otra esperaba impaciente en un puesto de venta de pescado en zona ya urbana, al igual que unos pelícanos, y un poco más allá una iguana terrestre no perdía detalle, también en medio de la calle. Toda una experiencia que se acumula a las anteriores no menos impresionantes desde hace apenas una semana. Como avistar ballenas o bucear entre tiburones. O como recorrer grandes extensiones de campos de lava en uno de los territorios volcánicos más vivos del mundo.

No sólo se registran erupciones. La amenaza del Niño y sus lluvias torrenciales activó el estado de excepción el pasado diciembre que afectó a las Galápagos. Afortunadamente, la virulencia de este fenómeno climático se debilitó antes de entrar en contacto con esta zona, pero los habitantes no entendían por qué seguía activa la alerta amarilla y se quejaban de que esto podía afectar lógicamente al turismo. Si bien es cierto que hubo cancelaciones de reservas, como comenta Óscar Aguirre, director de la Cámara de Turismo de Galápagos, la estancia fue muy apacible. Navegación, pequeñas excursiones por las islas y unas pocas inmersiones en los fondos marinos.

Se trata de uno de los lugares del mundo donde hay una abundante variedad de animales salvajes que no pueden encontrarse en ninguna otra parte. Por su distancia con el continente y por el hecho geológico de que nunca estuvo unido a este, la flora y fauna propias de las islas no tuvieron predadores durante miles de años de evolución. El resultado es que los animales no muestran temor alguno ante la presencia de personas. Por eso mismo, este lugar fue declarado en 1978 patrimonio de la humanidad por la Unesco, quien considera que sus 19 islas de origen volcánico y su reserva marina circundante protegida (una de las más extensas del planeta) son un museo y un laboratorio vivientes de la evolución únicos. El 97% del territorio de las islas ha sido designado parque nacional. Hay zonas habitadas sólo en cuatro de sus islas.

En esta naturaleza casi virgen, no es de extrañar que según el último informe del parque nacional de las Galápagos, el turismo creciera un 6% en el 2014 hasta alcanzar la cifra de 215.000 visitantes en una población que apenas supera los 25.000 habitantes. A la espera de los datos definitivos del 2015, la gente autóctona como Anita Ramos, de 51 años, asegura sin parar de sonreír que el número de turistas sigue incrementándose. Gerente de un modesto hostal en Puerto Baquerizo en la isla San Cristóbal, contesta a cualquier pregunta siempre riendo. Con tres hijos y cuatro nietos, lleva su propio negocio y está feliz y lo contagia. “Aquí no hay robos, ya pueden venir tranquilos”, asegura. Y se despide con un fuerte abrazo y, cómo no, con una risa contagiosa.

Pero ese mismo aumento de turistas atraídos por un entorno donde los animales no recelan de la presencia humana es un arma de doble filo si se quiere preservar este santuario. El parque nacional ha tomado cartas en el asunto y admite sólo un número limitado de turistas con unas normas muy estrictas, desde mantener una distancia de los animales de al menos dos metros (hay que apartarse, porque ellos no lo hacen) hasta no utilizar ningún tipo de flash en las cámaras de fotografiar. Tampoco están permitidos los deportes acuáticos motorizados o el turismo aéreo.

En cualquier caso, se busca un equilibrio entre la afluencia de turistas y la conservación del entorno. No es una casualidad que la nueva directora del parque nacional Galápagos, Alejandra Ordóñez, fuera previamente la responsable de la dirección provincial del Ministerio de Turismo en las islas, centrada precisamente en mejorar las condiciones para los visitantes en las áreas protegidas.

Sí o sí, estos quedan más que satisfechos. Un placer, como la temperatura de estos días, que varía poco a lo largo de todo el año. Mientras en España están abiertas las estaciones de esquí, en las Galápagos la temperatura mínima no baja de los 25 grados Celsius. Y el calor tampoco es agobiante porque difícilmente supera los 30 grados. Ni frío ni calor extremo en esta línea imaginaria llamada Ecuador terrestre. Las temperaturas se mantienen templadas por influencia de una corriente fría, una de las más importantes del mundo, que viene del Antártico. La llaman Humboldt o corriente del Perú.

Al clima benigno se le suma el privilegio de estar en una de las mayores áreas naturales marinas del mundo. Al bucear, los peces envuelven el cuerpo humano como si de una roca flotante se tratara, una experiencia que se repite casi a diario en cada una de los destinos del recorrido del Silver Galápagos. Ya en tierra, en la costa, también es difícil resistirse a la tentación de hacerse fotos con leones marinos, con las mencionadas tortugas salvajes y con pingüinos, una excepción en estas latitudes.

Las restricciones ayudan a mantener la virginidad de este paraíso. Y algunas medidas logran sorprender al viajero inad­vertido, como la fumigación durante el vuelo entre el continente americano y el archipiélago (entre la ciudad costera de Guayaquil, de donde parte el avión, y la isla de Baltra, donde aterriza), que con rapidez y sincronización inaudita llevaron a cabo dos azafatos, sí dos hombres, previo aviso, claro. Aunque acabando de saber que las Galápagos también eran conocidas como islas encantadas, más de uno temió dormirse sin saber muy bien dónde despertaría sin poder volver.

Tampoco se permite que se instalen más habitantes. El que fue gobernador de las islas Galápagos entre 1988 y 1992, Carlos Iván Naula Torres, recuerda ahora, con 68 años, que cuando conoció las islas y decidió quedarse en San Cristóbal, eso fue en 1966, apenas había 800 habitantes. Ahora hay siete mil. Actualmente sólo es posible venir a vivir en este paraíso casándose con un galapagueño o si se nace en las islas. El exgobernador se muestra satisfecho porque los lugareños son conscientes de la importancia de preservar este entorno. “Hemos conseguido que cada uno de nosotros sea un guardaparque”, comenta orgulloso. Y añade que tampoco puede aumentar el parque automovilístico. “Si entra un coche, sale otro”. Así que pasear por las calles urbanizadas de los pocos núcleos urbanos que hay se convierte también en un placer. Aunque, sin duda, el atractivo es la experiencia de estar en un lugar donde los animales no recelan del ser humano. Quién lo diría.

 

Lágrimas de tortuga

Los animales son protagonista en esta parte del mundo, pero las tortugas más. Al menos, lo suficiente como para que el conjunto de islas e islotes tomaran prestado de ellas el nombre con el que sigue identificándose este territorio. Los marinos españoles que descubrieron el archipiélago en 1535 le pusieron el nombre de Galápagos por la cantidad de tortugas gigantes. Ahora apenas quedan 15.000, que parecen muchas, pero pocas comparadas con las más de cien mil que murieron a manos de piratas, balleneros y mercaderes en los siglos XVII, XVIII y XIX.

Las islas se habían convertido en refugio de piratas ingleses y americanos y utilizaron las tortugas gigantes como alimento. Actualmente se conservan 11 especies, cuatro menos que cuando Darwin las identificó, pero con una buena noticia: los esfuerzos por proteger a este animal desde 1970 por parte del gobierno ecuatoriano han propiciado que la familia aumente y se haya identificado a una nueva especie, según se difundió a finales de octubre del 2015 en la revista científica PLoS One. Investigadores de Ecuador, EE.UU, Canadá y Grecia han descubierto que algunas de las tortugas de la isla de Santa Cruz pertenecen a una especie diferente a la Chelonoidis porteri, común en esta isla del centro de Galápagos. La nueva especie ha sido bautizada Chelonoidis donfaustoi, en honor a Fausto Llerena, un guarda del parque nacional Galápagos conocido por su larga trayectoria profesional. Washington Tapia, director de la Iniciativa para la Conservación de las Tortugas Gigantes, aclara que según sus estimaciones viven unos 250 ejemplares de esta nueva especie.

Eso sí, sean de una especie u otra, las tortugas de las Galápagos llevan una vida sin complicaciones: comen hierba, hojas y cactus, holgazanean al sol y duermen del orden de 16 horas al día. Su lento metabolismo y sus grandes reservas de agua les permitirían vivir hasta un año sin comer ni beber. Suficiente para que sus lágrimas complementen la alimentación de las mariposas. Las mayoría de estas prefieren sobrevivir con el néctar de las flores, que está lleno de nutrientes esenciales y azúcares. Pero también son atraídas por el sodio que se encuentra en la sal y el sudor. Así que, sobre todo las mariposas amazónicas, también beben lágrimas de tortuga. Para seguir impresionándose.
 

Una de las reservas marinas más grandes del mundo

En un entorno formado por trece islas mayores, seis islas menores y decenas de islotes y muchas rocas, que cubren una superficie de casi 8.000 km², se encuentra una de las reservas marinas más grandes del mundo. Es una zona protegida creada en 1998 que cubre alrededor de 133.000 km² , un tamaño un poco mayor que el territorio de Grecia, y declarada patrimonio natural de la humanidad por la Unesco en el 2001. La idiosincrasia del lugar y su historia, unida a la de Darwin con sus anotaciones sobre las observaciones de las especies autóctonas, han convertido este lugar en especialmente atractivo. Ballenas, tiburones, delfines, peces espada, rayas, iguanas y leones marinos. También pingüinos ecuatoriales, sí, los únicos que habitan en aguas comparativamente cálidas en contraste con sus congéneres instalados en la Antártida. Hay múltiples especies marinas. La zona se identifica además como el santuario de las ballenas, de las que pueden avistarse hasta 16 especies. Cerca del 25% de los organismos marinos que habitan en este archipiélago son endémicos. Su riqueza la ha convertido en uno de los más importantes destinos del mundo para buceo de superficie y profundidad, de ahí la necesidad de proteger este entorno ante tanta visita que podría alterar y deteriorar su biodiversidad. El parque nacional Galápagos, con la colaboración de otras entidades como la Fundación Charles Darwin, son los encargados de gestionar esta protección. Sus sedes están en la isla Santa Cruz.

Fuente: Magazine.

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