14/Ago/2018
Martes, 14 de Agosto de 2018

10 experiencias que debes vivir para saldar tu deuda con la Toscana

Dejar que el tinto se te suba a la cabeza es una de ellas.

10 experiencias que debes vivir para saldar tu deuda con la Toscana

1. Recrear los bucólicos paseos de Liv Tyler en ‘Belleza Robada’

Si La vida es bella (1997) consiguió encandilarnos con la ciudad medieval de Arezzo, la Belleza robada (1996) de Bertolucci nos ayudó a comprender a qué sabe un verano en la Toscana. Aquel verano en que nos dejamos atrapar por la ciudad de Siena para luego amanecer entre olivos y encinas con vistas al Castello di Brolio, que memorizamos los calurosos atardeceres que llenaban de música y baile la Villa de Geggiano, que paseamos entre campos de viñedos salpicados con casonas de ladrillo... En fin, aquel en que jugamos a mimetizamos con la calma y el paisaje como haría la propia Liv Tyler (y a poder ser luciendo alguno de sus vestidos floreados).

2. Que se te salten las lágrimas por culpa del “tartufo bianco” de San Miniato

Y dejárselo claro a todo el mundo girando el dedo índice sobre la mejilla, el gesto nacional para indicar que algo está insoportablemente delicioso. Se pagan hasta 6.000 € por un kilo de trufa blanca, un capricho que ha de tomarse en crudo y a poder ser sobre un lecho de pasta ‘al dente’ o risotto. Y si la Toscana es una de las mejores regiones para degustarla, San Miniato es su edén particular. Cada otoño la ciudad se vuelca con la temporada de hongos y los tres últimos fines de semana de noviembre se prepara para su Mostra Mercato Nazionale del Tartufo Bianco, un festival a pie de calle donde podrás degustarla en todas sus vertientes.

3. Meter quinta para cruzar el Valle de Orcia

Patrimonio Mundial de la Humanidad, el Valle de Orcia concentra tantas tonalidades de verde y tanta geometría que cuesta asimilar toda su belleza de una sentada. Por eso recomendamos pisar el acelerador y atravesar estos paisajes delineados que datan del siglo XIV mientras contemplamos el baile de llanuras, colinas y ciudades medievales que dejamos a nuestro paso. Pero sin prisas, echando el freno cada vez que lo merezca: el Brunello de Montalcino, la colegiata de San Quirico d’Orcia, la catedral de Pienza, la serpenteante curva hasta Montichiello –una de las imágenes más clonadas de la Toscana–, la fortaleza de Radicofani… y suma y sigue.

4. Desgastar la suela de tus zapatillas subiendo los 218 escalones de la ‘Torre Grossa’ de San Gimignano

El pueblo más vertical de la región lleva décadas cargando con el apodo de “Manhattan Medieval” debido a las torres –de las 72 iniciales hoy sólo quedan 13– que rompen con la armonía del típico ‘skyline’ toscano. Si a esto le sumas el incesante flujo de turistas, acabarás creyendo estar en la Gran Manzana. Más de 200 escalones nos separan de su cima más alta, aunque a ras de suelo también encontramos propuestas atractivas: museos, galerías y calles como Via San Matteo, donde fluyen los restaurantes y tiendas de ‘souvenirs’. Obligatorio parar en la Plaza de la Cisterna y saborear el mejor gelato del mundo. No lo dicen por fardar, la Gelateria Dondoli se ha alzado con este título en varias ocasiones así que no te dejes intimidar por la cola que se forma frente a su escaparate: la crema de azafrán y piñones y la ‘bomba’ de pomelo rosa y vino espumoso acabarán dándonos la razón.

5. Mojarte los pies en la orilla de Elba

Porque aunque a veces se nos olvida con tanto paisaje, la Toscana puede presumir de costa y de qué manera. En las zonas de Livorno y Grossetose concentran las más transitadas –Cala Violina es uno de sus secretos mejor guardados– pero si queremos dar un paso más, que nada nos impida explorar su archipiélago. La Isla de Elbaes la gran protagonista, en parte por toda la historia que encierra –fue testigo del destierro de Napoleón– en parte por las pequeñas postales improvisadas que nos regala. Las playas de Paolina y Viticcio, rodeadas de naturaleza sin amansar, y la playa de Sansone, resguardada entre escarpadas paredes, son nuestras favoritas.

6. Dejar que el tinto se te suba a la cabeza en el Valle de Chianti

¿Chianti, Montepulciano o Montalcino? Cuando se trata de escoger la mejor región vinícola de Italia, estos son los tres nombres que suenan con fuerza. Nosotras elegimos una ruta por el primero tomando la Chiantigiana, carretera que une las pequeñas localidades responsables de mantener el renombre de este caldo. Primer paso: ponernos al día con los términos básicos para posturear de vino (taninos, 'coupage' y compañía). Acto seguido, peregrinar hasta Greve in Chianti –entrada a este paraíso famosa por los arcos que envuelven su plaza triangular Giacomo Matteotti– y continuar por MontefioralleRadda in ChiantiGaiole in Chianti –toca degustación en el Castillo de Brolio– y Castellina in Chianti. No te calientes la cabeza a la hora de elegir bodega, habrá buen vino en todas ellas.

7. Que se te peguen las sábanas en una habitación de época en el corazón de Siena

La ciudad cuenta con un amplio abanico de 'bed & breakfast' y hoteles que, como Relais degli Angeli, apuestan por la estética de época para enfrascar el encanto y el exceso renacentista en cada una de sus habitaciones –darás buena fe de ello cuando los frescos que adornan sus techos sean lo último que veas antes de irte a dormir–. Si prefieres darte un capricho sin precedentes, no pierdas de vista el Grand Hotel Continental, único 5 estrellas de la ciudad y excusa perfecta para luego visitar la Piazza del Campo o la Catedral con su imperdible fachada gótica.

8. Contar los arcos del acueducto de Pitigliano

Suspendida sobre una colina de toba volcánica, lo abrupto y áspero que reviste esta localidad nos hará pensar que fue tallada a mano. La fuerte presencia de judíos siglos atrás le valió el nombre de “pequeña Jersulén” –su sinagoga y cementerio lo atestiguan– mientras que un acueducto construido en el Siglo XVI por los Medici nos confirma que Pitigliano no está cortado por el mismo patrón que muchas de sus localidades vecinas. Por si fuera poco, el puñado de cuevas, bodegas y túneles excavados en la toba sólo multiplican su atractivo. La mayor expresión de esto es Vie Cave, un laberinto de callejuelas etruscas que brota en plena naturaleza para conectarnos, en forma de agradable paseo, con los pueblos de Sovana y Sorano.

9. Tomar un 'espresso' en el Caffè Poliziano de Montepulciano

Y acompañarlo de un delicioso pastel, sentados en su balcón, mientras contemplamos las colinas de Valdichiana. Por las mesas de este histórico café han pasado las plumas de literatos como CarducciPirandelloPrezzolini o Malaparte. Y después de esto, respirar la autenticidad de sus calles hasta llegar a la Plaza Grande, donde se reúnen su catedral y palacio, y continuar irrefrenablemente hasta llegar a la Iglesia de San Biaggio, fuera de sus muros y en soledad. Y sí, por supuesto degustar una copa –o dos– de su Vino Nobile a la primera oportunidad.

10. Constatar que el atardecer es el momento más mágico del día en Florencia

No podíamos despedirnos de la Toscana sin visitar Firenze, cuna del Renacimiento y una de las ciudades más bellas del planeta gracias al despliegue de arte y arquitectura que encierra. Adentrarnos en la imponente Catedral de Santa María del Fiore, cruzar su Ponte Vecchio, maravillarnos con el David de Miguel Ángel en la Galería de la Academia, empaparnos de arte recorriendo los pasillos de la Galería Uffizi, hacernos una foto frente a la asimetría del Palazzo Vecchio o deambular por los Jardines de Boboli. Y cuando acabemos todo esto, subir a la concurrida Plaza de Michelangelo para contemplar el sol ponerse tras un manto de tejados, cúpulas y puentes mientras le gritamos eso de 'arrivederci'! a nuestro nuevo lugar favorito en el mundo.

Antes de hacer las maletas... Si no quieres sorpresas ni disgustos de último minuto, apunta estos seis consejos básicos incluidos en la guía Florencia y Toscana de Lonely Planet:

- Imprescindible llevar efectivo: algunos restaurantes y hoteles sólo aceptan pagos en metálico.

- No confíes a ciegas en el GPS (puede desviar del destino previsto) y comprueba la ruta en un mapa de carreteras.

- Recuerda que suele haber wifi gratis en los ayuntamientos, oficinas de turismo y alrededores (si es para contestar un email o actualizar Instagram, ya lo decides tú).

- Si el calendario te lo permite, planifica la estancia coincidiendo con el primer domingo del mes: la entrada a los museos estatales (a los Uffizi y la Galleria dell'Academia) es gratis.

- Imprescindible descargarse la aplicación Osterie d'Italia (iPhone y Android), una guía completa ideal para sibaritas donde encontrarás los mejores restaurantes de comida tradicional a lo largo del territorio.

- Deja el palo 'selfie' en casa: está prohibido en casi todos los museos (y además conseguirás que tu dignidad sobreviva un día más).

Fuente: ELLE.

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