23/Jun/2018
Sábado, 23 de Junio de 2018

Costa Norte de Alemania: la mayor superficie de marismas del planeta llenas de historia

Costa Norte de Alemania: la mayor superficie de marismas del planeta llenas de historia

Entre el bravo Mar del Norte y el tranquilo Mar Báltico surge en el norte de Alemania uno de los paisajes más bellos de Europa. Se trata de una región única con más de mil kilómetros de playa, ciudades marítimas de la antigua Liga Hanseática, el imperio que dominó el comercio mundial en la Edad Media, y la mayor superficie de marismas del planeta. Una esquina del continente, quizás menos conocida por los españoles pero muy hermosa, vinculada al agua, el tesoro del futuro, rodeada de mares, lagos y arroyos, romántica si observamos sus hipnóticas y poderosas mareas, y con unos orgullosos habitantes que proponen también una cocina muy original y creativa.

Son cinco los estados modernos que configuran esta región del norte germano. Schleswig-Holstein, Mecklemburgo-Pomerania, Baja Sajonia y las ciudades-estado de Bremen y Hamburgo. En el pasado casi todos estos territorios conocieron la prosperidad económica y algunas de sus ciudades emblemáticas como Hamburgo, Bremen y Lübeck han mantenido su importancia estratégica, cultural y artística. Comenzando por Hamburgo -actualmente el segundo puerto más activo de Europa tras el de Rotterdam-, cuyos almacenes históricos han sido protegidos con la vitola de Patrimonio Mundial de la UNESCO por su belleza y conservación.

Estos edificios de ladrillo han sido testigos hoy de cómo se ha creado un nuevo escenario urbano, la HafenCity, un ambicioso proyecto de desarrollo urbano en el entorno de los desembarcaderos, y se ha levantado la Elbphilharmonie, la extraordinaria sala de conciertos de Hamburgo, diseñada por los arquitectos Jacques Herzog y Pierre de Meuronen un increíble emplazamiento. El edificio con forma de barco, construido sobre un antiguo almacén de café y cacao junto al Elba, ya resalta en ese laberinto de canales, 2.500 puentes y vías navegables que constituyen Hamburgo.

En Bremen ya no atracan los barcos, pero su competente industria de la aeronáutica y del automóvil y sus bellezas artísticas le han convertido en un destino de imprescindible visita. También moderno, no en vano es la tercera ciudad en el uso de la bicicleta, propone un atractivo casco medieval único desde el que se puede pasear río abajo, por el paseo marítimo Schlachte a orillas del Weser o río arriba hacia Das Viertel, el nuevo espacio alternativo repleto de bares, mercados callejeros y llamativos ejemplos de «street art».

Memoria de la Liga Hanseática

Lübeck fue otro relevante puerto de esa Liga Hanseática en la que los comerciantes llegaron a retar a reyes, príncipes y poderes eclesiásticos con su riqueza, visible en la herencia arquitectónica de los edificios de esta ciudad, hasta que el descubrimiento de América y la Guerra de los Treinta Años en el siglo XVII le condenaron al declive. Esta federación comercial reunió a casi 200 ciudades de toda Europa y seguramente Lübeck es el mejor ejemplo para comprobar su grandeza. Una buena manera de descubrir ese pasado de los comerciantes de la Edad Media es visitando el nuevo Museo Europeo Hanseático tras recorrer su magnífico barrio gótico presidido por la Holstentor, la puerta monumental de ladrillo rojo y vidriado desde la que se accede a la ciudad antigua.

Lübeck se sitúa en el estado de Schleswig-Holstein que durante el siglo XIX perteneció al Reino de Dinamarca. Hoy su capital es Kiel, una ciudad reconstruida tras la II Guerra Mundial que ahora está muy vinculada al mundo de la vela, aunque para los alemanes su importancia radica en su canal de casi 100 kilómetros que une el Mar Báltico con el Mar del Norte. En realidad todo el territorio de este länder se encuentra salpicado de costas, paisajes acuáticos, así como parques naturales y nacionales. Un paraíso familiar para los aficionados a la naturaleza, a los paseos en bicicleta o al piragüismo, pero siempre teniendo en cuenta que los vientos, las mareas, las marismas y las olas condicionan el ritmo de la vida de sus habitantes.

El estado de Baja Sajonia, el segundo más grande de Alemania, está ubicado en la zona noroeste del país y limita con el mar del Norte por el norte, al suroeste por la cadena montañosa de Harz, con su pico más elevado, el monte Brocken, de 1.142 metros, y al oeste con los Países Bajos. Es por tanto el único estado germano que reúne mar y montaña en su superficie, con una amplia oferta para practicar deportes acuáticos, bicicleta de montaña, senderismo, equitación o incluso esquí en invierno.

Hannover, regada por el río Leine, es la capital de Baja Sajonia y se le consideró una de las más bellas urbes del norte del país, pero fue arrasada por los aliados durante la Segunda Guerra Mundial. Su reconstrucción posterior dio paso a edificios más elevados y funcionales y áreas industriales, hoy muy abundantes, aunque permanecen reductos de su arquitectura prusiana y gótica. Le sigue como motor económico la ciudad de Wolfsburgo, a 90 kilómetros de Hannover, debido a su industria automovilística, pues en este lugar se fabricó durante varias décadas el popular «escarabajo» de Volkswagen, diseñado por Ferdinand Porsche en 1934.

Acantilados de la isla de Rügen

Por último, los aficionados a las estaciones termales y balnearias tienen una cita ineludible en Mecklemburgo-Pomerania junto al Mar Báltico. Es este el estado más nororiental de Alemania y perteneció como parte de la RDA al antiguo bloque comunista en el siglo XX, pero mucho antes, desde finales del XIX, se desarrollaron en su costa los balnearios de mar y hoteles que ocupaba la clase pudiente germana para pasar sus temporadas de descanso. En la actualidad su éxito resulta incuestionable.

La capital del estado es Schwerin y su palacio principal fue residencia de los duques de Mecklemburgo antes de que se convirtiera en la sede del Parlamento. En las calles de su casco antiguo permanecen edificios históricos, casas señoriales y palacios que sirven de escenario en verano para disfrutar de las óperas al aire libre en el Festival del Castillo, un punto ideal vacacional como otros en el estado que encabezan Rostock, un astillero muy importante en la Alemania báltica, y las viejas ciudades de Wismar y Stralsund, declaradas Patrimonio Mundial de la Humanidad en 2002.

Fuente: ABC.

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